Puedes tener un negocio unipersonal que facture seis cifras (incluso puedes tener una empresa y equipo a tu cargo), y seguir estando pendiente de todo e yendo como pollo sin cabeza.
Pendiente de que entren clientes, de que compren, de entregar el trabajo, de que apliquen lo que les has enseñado, de las facturas, del contenido, de contestar mensajes…
El negocio funciona. Pero sientes que, como te apartes un poco, las cosas se quedan sin hacer. O peor aún, que todo se desmorona.
Ya ves… y tú que habías montado aquello para ser más libre.
Tener un negocio unipersonal, un OPB (one person business), ser solopreneur, es una pasada. A veces lo pienso y sigue asombrándome lo que puede hacer un tipo como yo, desde su casa y solo con un ordenador.
He trabajado con varios negocios unipersonales, que ellos solitos, o con una persona en el equipo, facturan 300.000 €. Yo mismo he facturado esas dichosas 6 cifras anuales.
Pero además de lo que factura el negocio, me interesa cuánto necesita de su dueño para funcionar. Eso me interesa casi más que la facturación, porque para mí hay dos rentabilidades.
La económica y la personal.
Puedes ganar mucho dinero, meterte 10.000€ limpios en el bolsillo cada mes, pero trabajar 12 horas al día, tener la cabeza llena de ruido todo el día y no poder irte 15 días de vacaciones porque si no todo se para. Eso es muy poca rentabilidad personal.
Sobre todo si vendes servicios, consultoría o formación. Ahí es muy fácil caer en eso.
Los pilares de un negocio unipersonal de puta madre.
Para mí, hay cuatro pilares en los que se apoya todo negocio como este.
Captación, producto, lanzamientos y tecnología.
Esas son las patas de la mesa que lo sostiene todo, y seguramente ahora mismo, una te esté dando más problemas que las otras.
Vamos a verlas una por una para que pienses en ellas.
Captación
Tienes que dominar la captación de clientes potenciales para tu negocio. Sin leads no hay negocio.
Ojo, sin seguidores sí puede haberlo.
Prospección por redes, llamadas, email frío, eventos, networking, publicidad… Hay distintas maneras de llegar a gente que pueda necesitar lo que haces.
Pero siempre te recomendaré que construyas una audiencia, a ser posible tuya, no solo en redes, especialmente cuando vendes algo para lo que tienen que confiar en tu criterio. Crear contenido (tanto en redes como en emails) te permite enseñar cómo piensas antes de que alguien se plantee trabajar contigo.
Y con todo lo que estamos pudiendo crear con IA, creo que saber llegar a las personas adecuadas va a pesar cada vez más.
Pero eso no convierte crear contenido en una obligación para cualquier negocio. Si ya tienes un canal que te trae buenos clientes, conviene entender por qué funciona antes de ponerte a publicar en otras tres redes.
Y si eliges el contenido, busca un formato que te encaje y que puedas mantener. Uno para empezar. Ya tendrás tiempo de complicarte la vida.
Recientemente he descubierto un concepto que me ha flipado, y que traducido del inglés es algo así como la plansturbación. Es una mezcla de planificación y masturbación. Ya sabes, hay personas que parece que sienten placer por planificar, pero hacer, hacen bien poco.
Me hace pensar en todas esas vueltas que puedes darle al formato, al calendario, al tema, a la herramienta… mientras sigues sin publicar nada.
Hazlo. Luego tendrás algo real que mirar para decidir qué cambiar.
También miraría cuánto te exige esa captación. Si para conseguir cada cliente tienes que empezar de cero, buscarlo, perseguirlo y volver a explicar todo desde el principio, hay trabajo ahí mejorando ese canal.
En cualquier caso, te doy mi experiencia.
Para captar buenos clientes con publicidad, lo mejor que he probado nunca es Google Ads. Vas a por quien ya busca lo que vendes.
Si quieres hacerlo de forma orgánica, sin duda YouTube es la red que mejor me ha funcionado.
A partir de ahí, hay muchos matices, y cada negocio es un mundo, pero en general, te diría eso.
Producto
En otro artículo ya te hablé de la importancia de trabajar bien la promesa de tus productos. Y de no pasarte de frenada prometiendo algo que, aunque sea posible, no resulte realista.
Pero después de venderlo tienes otro asunto entre manos.
Tienes que conseguir que tu producto se consuma. Y que la gente haga algo con él.
En un servicio como montar una web, es bastante fácil ver qué tienes que entregar. Oiga, señora, aquí está su web, son 2.000 €. Fácil, sencillo y para toda la familia.
Cuando vendes una consultoría, una mentoría o una formación, necesitas que la otra persona participe para que aquello sirva de algo.
Que vea los vídeos, que entienda lo que le explicas, que lo pruebe en su negocio. Y aquí hay un detalle que merece la pena separar, porque alguien puede verse todos tus vídeos sin haber aplicado nada.
También puede aprobarte un examen y seguir igual que estaba.
Por eso le doy tanto valor al criterio. Saber si una información es aplicable a un caso concreto, o decirle a alguien que por ahí no es, aunque haya encontrado veinte explicaciones que digan que sí.
Eso es parte del trabajo por el que merece la pena pagar.
Puedes ayudar con ejemplos, ejercicios, retos, comunidad, puntos de control, preguntando mucho… Y explicándolo entretenido, que tampoco hace falta que cada formación sea un castigo.
Pero si para que alguien avance tienes que estar tú detrás todos los días, esa manera de entregar el producto también merece una revisión.
Puedes dejar los ejercicios bien explicados, acordar cuándo se revisan y reservar tu intervención para los puntos en los que hace falta tu criterio. Habrá productos que necesiten mucho acompañamiento. Entonces habrá que tenerlo en cuenta al ponerles precio y decidir cuántos puedes atender.
Hay una idea que todavía no he aplicado y que me parece interesante. Devolver parte del dinero cuando la persona completa la formación.
Ahora bien, habría que pensar qué le estás pidiendo que complete. Quizá tenga más sentido una aplicación concreta que un test sobre los vídeos. Y habría que ver cuánto cuesta revisar eso, claro.
De momento es una idea. Tiene cosas que pensar antes de ponerla en marcha.
Lanzamientos
Conseguir que alguien te preste atención es una parte del trabajo. Después tiene que entender lo que vendes y decidir si le interesa comprarlo.
En los últimos meses he vendido servicios cuyo trabajo lo ha hecho la IA. Pero literal, bro. Y no te lo digo para farmear aura, te lo digo porque es así. He dado servicios en los que mi trabajo ha sido orquestar y saber pedir.
Eso me ha facilitado la entrega. La parte de vender el servicio seguía ahí.
He vendido de todo, y de muchas formas. No me he gastado decenas de miles para aprenderlo, ni he invertido miles para montarlo. Los resultados no han estado nada mal, oye.
Eso sí, horas y pruebas he hecho como un maldito descerebrado.
Una referencia que he aplicado en distintos formatos es la de Aristóteles. Ethos, pathos y logos. Credibilidad, emoción y razón.
Me sirve para revisar qué estoy poniendo delante de una persona cuando le propongo comprar algo.
Imagina, por ejemplo, que vendes una consultoría para mejorar la captación de una pequeña empresa o de un freelance.
¿Podrías enseñarle cómo analizas una situación concreta y por qué descartarías unas acciones antes de recomendar otras? Ahí puedes ver tu criterio y empezar a confiar en ti. O también mostrar testimonios. Todo eso ataca a la credibilidad.
También debes hablar de lo que supone estar pendiente de cómo conseguirá el próximo cliente, si esa es la preocupación de la persona a la que te diriges. Ahí tocarás la emoción.
Y tendrás que explicar qué vais a trabajar, qué se lleva al terminar, cuánto le exige y qué límites tiene el servicio. Son cosas que necesita entender para decidir. Esto será la razón.
Tener esto en cuenta y saber aplicarlo bien en cualquier forma de venta es más importante que decidir el puto color del botón de tu web. Te lo aseguro.
Saber hacer lanzamientos te ayuda a trabajar esas piezas. Parte de lo aprendido te puede servir después para vender de forma continuada, en evergreen, aunque tendrás que adaptar cómo llega la gente y qué información recibe.
También hay que mirar cuánto trabajo te cuesta cada venta. Si necesitas repetirlo todo personalmente con cada interesado, tienes mucho curro por delante.
Es maravilloso cuando te llega un cliente y te dice: Sí, sí, ya sé cómo va esto. Lo he leído y lo tengo claro”. Tu trabajo está bien hecho.
Tecnología
Y ahora vamos con la que lo junta todo. La que puedes usar de forma transversal.
Mira, no soy programador ni nada de eso, pero empecé mi negocio online montando páginas web en WordPress. Lo aprendí entrando en membresías, haciendo cursos e invirtiendo cientos de horas en YouTube.
Tengo vistos más tutoriales que amaneceres.
Trastear programas, herramientas nuevas, ordenadores y piezas y cosas así me ha gustado siempre. Cuando arranqué mi negocio, tiré por ahí. Esa es una de mis ventajas injustas.
Y con la IA he podido hacer cosas que siguen pareciéndome una locura. Hace unos meses creé mi propio editor de vídeo. Una app para Mac que me corta y edita los vídeos, colega.
Formaciones, eBooks, automatizaciones para entregar productos… Hay trabajos que antes costaban la hostia de preparar y que ahora se pueden abordar de otra manera.
Pero hay algo que me llama la atención cuando hablamos de aplicar todo esto a un negocio unipersonal, y es que enseguida aparece la idea de automatizar el contenido, crear un avatar y que los vídeos los haga el avatar con el guion que ha hecho ChatGPT.
Si tu negocio eres tú, hay cientos de cosas que deberías automatizar o meter IA antes que eso.
Te pongo un ejemplo de lo que hago con mis emails. Los escribo en Notion, les pongo una propiedad y automáticamente se maquetan en MailerLite.
El texto lo escribo yo. Después hay una parte de preparación que ya tiene su proceso montado. En ese ejemplo se ve bastante bien dónde me interesa seguir participando y qué trabajo puedo dejar resuelto.
También uso estas herramientas para la gestión de mi bandeja de DMs en LinkedIn, la republicación de contenido, borradores de correos, facturas de gastos, creación de facturas en Holded, análisis de gastos, edición de vídeos, nuevos lead magnets, modificaciones en mis webs… Ya no toco WordPress para casi nada.
Hay un montón de trabajo por ahí antes de plantearte sustituir tu cara.
Claro que puedes experimentar con avatares. Pero si la gente te sigue o te contrata por tu manera de pensar, yo miraría con cuidado qué parte de eso estás dejando en manos de una herramienta.
Me interesa poder seguir escribiendo lo que quiero decir, decidir si una recomendación encaja con un cliente y tener tiempo para pensar en esas cosas.
La maquetación de un email puede seguir un proceso que hayas dejado preparado. Saber qué quieres contar en él ya es otro asunto.
Y por eso te hablaba de libertad al principio.
La captación, el producto, las ventas y la tecnología también se pueden mirar por la cantidad de veces que necesitan que aparezcas tú para que algo avance.
Piensa en esta semana. En qué has tenido que intervenir, qué se ha quedado esperando y qué has vuelto a explicar por tercera vez.
Si apenas llegan personas interesadas, tendrás que mirar cómo las estás buscando. Si llegan y no compran, conviene entender qué les frena. Si compran y se atascan, toca revisar la entrega. Y si todo avanza a base de que tú estés haciendo tareas manuales, ahí tienes algo concreto que mejorar con tecnología.
Son cuatro patas, sí. Pero no entres a mejorarlas todas a la vez. Puedes empezar por la que ahora mismo más te está complicando la vida.
Y cuando consigas quitarte algo de encima, dejar ese rato libre también es una opción.
Aunque con la cantidad de cosas que se pueden hacer ahora, entiendo perfectamente que cueste.
Un abrazo postal,
Fran Lledó
PD: Si quieres trabajar conmigo para mejorar cualquiera de estas patas, ya tienes clientes, y quieres poner a la IA a trabajar para ti con mi acompañamiento, responde a este email.


